martes, 9 de noviembre de 2010

La chica del vaso de agua. Si parece ajena, quizá sea porque piensa en alguien.


Amélie tiene de repente la extraña sensación de estar en total armonía consigo misma.  En ese instante todo es perfecto: la suavidad de la luz, el ligero perfume del aire,  el pausado rumor de la ciudad... Inspira profundamente y la vida ahora le parece tan sencilla y transparente que un arrebato de amor, parecido a un deseo de ayudar a toda la humanidad, la empapa de golpe.

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