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lunes, 12 de diciembre de 2011

Ella conocía lo poderoso que puede ser el fuego de una mirada, es capaz de encender el mismo Sol.

¿Qué pasaría si Gertrudis miraba una estrella? De seguro que el calor de su cuerpo, inflamado por el amor, viajaría con la mirada a través del espacio infinito sin perder su energía, hasta depositarse en el lucero de su atención. Estos astros han sobrevivido millones de años gracias a que se cuidan de no absorber los rayos ardientes que los amantes de todo el mundo les lanzan noche tras noche. De hacerlo, se generaría tanto calor en su interior que estallarían en mil pedazos. Por lo que al recibir una mirada, la rechazan de inmediato, reflejándola hacia la Tierra como en un juego de espejos. Es por eso que brillan tanto en las noches.

Deseó con toda su alma que sus manos se elevaran. ¡Si pudieran transformarse en aves y elevarse volando!

Le gustaría que la llevaran lejos, lo más lejos posible. Acercándose a la ventana que daba al patio, elevó sus manos al cielo, quería huir de sí misma, no quería pensar en tomar una determinación, no quería volver a hablar. No quería que sus palabras gritaran su dolor.

Mi abuela decía que todos nacemos con una caja de fósforos en nuestro interior, pero no los podemos encender solos.

Necesitamos oxígeno y ayuda de una vela. Sólo que en este caso el oxígeno tiene que provenir, por ejemplo, del aliento de la persona amada. La vela puede ser cualquier tipo de alimento, música, caricia, palabra, sonido, que haga disparar el detonador y así encender uno de los fósforos. Claro que también hay que poner mucho cuidado en ir encendiéndolos uno a uno. Porque si por una emoción muy fuerte se llegan a encender todos de un solo golpe, producen un resplandor tan fuerte que ilumina más allá de lo que podemos ver normalmente y entonces ante nuestros ojos aparece un túnel esplendoroso que nos muestra el camino que olvidamos al momento de nacer y que nos llama a reencontrar nuestro perdido origen divino. El alma desea reintegrarse al lugar de donde proviene, dejando al cuerpo inerte...

Total, todo podía ser verdad o mentira, dependiendo de que uno se creyera las cosas verdaderamente o no.