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miércoles, 15 de febrero de 2012

El mundo es eso, un montón de gente, un mar de fueguitos. Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás. No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tanta pasión que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca se enciende.

martes, 13 de diciembre de 2011

La noche/1

No consigo dormir. Tengo una mujer atravesada entre los párpados. Si pudiera, le diría que se vaya; pero tengo una mujer atravesada en la garganta.

La noche/2

Arránqueme, señora, las ropas y las dudas. Desnúdeme, desnúdeme.

La noche/3

Yo me duermo a la orilla de una mujer: yo me duermo a la orilla de un abismo.

sábado, 15 de octubre de 2011

Enigmas.

¿De qué se ríen las calaveras?
¿Quién es el autor de los chistes sin autor? ¿Quién es el viejito que inventa los chistes y los siembra por el mundo? ¿En qué cueva los esconde?
¿Por qué Noé puso mosquitos en el arca?
San Francisco de Asís, ¿amaba también a los mosquitos?
Las estatuas que faltan, ¿son tantas como las estatuas que sobran?
Si la tecnología de la comunicación está cada vez más desarrollada, ¿por qué la gente está cada vez más incomunicada?
¿Por qué a los expertos en comunicación no los entiende ni Dios?
¿Por qué los libros de educación sexual te dejan sin ganas de hacer el amor por varios años?
En las guerras, ¿quién vende las armas?

viernes, 23 de septiembre de 2011

La caridad es humillante porque se ejerce verticalmente y desde arriba;
la solidaridad es horizontal e implica respeto mutuo.

sábado, 10 de septiembre de 2011

La muchacha del tajo en el mentón.

Nos habíamos conocido cuando el estado de sitio.
Teníamos que caminar abrazados y besarnos si se acercaba cualquier bulto de uniforme. Los primeros besos fueron por razones de seguridad. Los siguientes, por las ganas que nos teníamos.
En aquel tiempo las calles de la ciudad estaban vacías.
Los torturados y los moribundos se decían sus nombres y se rozaban las puntas de los dedos.
Flavia y yo nos encontrábamos en un lugar distinto cada vez, desesperados de pánico por los minutos de atraso.
Abrazados, escuchábamos las sirenas de los patrulleros y los sonidos del paso de la noche hacia el alba. No dormíamos nunca. Desde afuera llegaban el canto del gallo, la voz del botellero, el barullo de las latas de basura, y entonces desayunar juntos era muy importante.
Nunca nos dijimos la palabra amor. Eso se deslizaba de contrabando, cuando decíamos: “llueve”, o decíamos: “Me siento bien”, pero yo habría sido capaz de romperle a balazos la memoria para que no recordara nada de ningún otro hombre.
- Alguna vez – decíamos – , cuando cambien las cosas.
- Vamos a tener una casa.
- Sería lindo.
Por unas noches pudimos pensar, mareados, que se luchaba para eso. Que para que eso fuera posible se jugaba la gente.
Pero era una tregua. Pronto supimos, ella y yo, que antes nos íbamos a olvidar o a morir.

Los nadies.

Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadies con salir de pobres, que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte; pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca, ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte, por mucho que los nadies la llamen y aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el pié derecho, o empiecen el año cambiando de escoba.
Los nadies: los hijos de los nadies, los dueños de nada.
Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos:
Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no profesan religiones, sino supersticiones.
Que no hacen arte, sino artesanía.
Que no practican cultura, sino folklore.
Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local.
Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata.

domingo, 5 de septiembre de 2010

"La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos. Entonces... ¿para que sirve la utopía?
Para eso, sirve para
caminar"