Los niños nunca deberíamos ir a la cama, cuando despertamos somos un día más mayores.
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martes, 28 de diciembre de 2010
Dijo una voz popular: ¿quién me presta una escalera para subir al madero, para quitarle los clavos a Jesús el Nazareno? Oh, la saeta, el cantar al Cristo de los gitanos. Siempre con sangre en las manos, siempre por desenclavar. Cantar del pueblo andaluz que todas las primaveras anda pidiendo escaleras para subir a la cruz. Cantar de la tierra mía que echa flores al Jesús de la agonía y es la fe de mis mayores. ¡Oh, no eres tú mi cantar! No puedo cantar ni quiero, a este Jesús del madero, ¡sino al que anduvo en la mar!
lunes, 29 de noviembre de 2010
viernes, 22 de octubre de 2010
Prefiero una mariposa al Rockefeller Center ♫

Las mariposas al volar lo hacen muy erráticamente, debido al néctar que beben en las flores.


Las personas de aguda capacidad auditiva refieren que en el silencio es posible escuchar el leve sonido de su hipo a cada desviación en la trayectoria de su vuelo...
viernes, 15 de octubre de 2010
Prefiero volar a correr, hacer a pensar. Amar a querer, tomar a pedir.
Antes que nada soy partidaria de vivir.
Antes que nada soy partidaria de vivir.
Prefiero el tiempo al oro, la vida al sueño. El perro al collar, las nueces al ruido, y el sabio por conocer a los locos conocidos.
Pero, puestos a escoger, soy partidaria de las voces de la calle más que del diccionario. Un buen polvo a un rapapolvo y un bombero a un bombardero. Crecer a sentar cabeza, las ventanas a las ventanillas,
y la revolución a las pesadillas.
Pero, puestos a escoger, soy partidaria de las voces de la calle más que del diccionario. Un buen polvo a un rapapolvo y un bombero a un bombardero. Crecer a sentar cabeza, las ventanas a las ventanillas,
y la revolución a las pesadillas.
miércoles, 1 de septiembre de 2010
Penélope, con su bolso de piel marrón, y sus zapatos de tacón, y su vestido de domingo.
Penélope, se sienta en un banco del andén y espera a que llegue el primer tren, meneando el abanico. Dicen que en el pueblo que un caminante paró su reloj, una tarde de primavera. "Adiós, amor mío, no me llores, volveré antes que de los sauces caigan las hojas. Piensa en mí, volveré por ti."
Pobre infeliz, se paró tu reloj infantil una tarde plomiza de abril, cuando se fue tu amante. Se marchitó en tu huerto hasta la última flor, no hay ni un sauce en la calle mayor para Penélope.
Penélope, tristes, a fuerza de esperar, tus ojos parecen brillar si un tren silba a lo lejos. Penélope, uno tras otros los ve pasar. Mira sus caras, les oye hablar: para ella son muñecos.
Dicen en el pueblo que el caminante volvió, la encontró en su banco de pino verde. La llamó "Penélope, mi amante fiel, mi paz. Deja ya de tejer sueños en mi mente. Mírame, soy tu amor, regresé." Le sonrió, con los ojos llenitos de ayer, no era así su cara ni su piel. "Tú no eres quien yo espero."
Y se quedó con su bolso de piel marrón y sus zapatitos de tacón, sentada en la estación...
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